Vida en el sur

1 año y medio viviendo juntos en Bs.As, después de pedalear más de 5mil km por Sudámerica. Tiempo suficiente para poder darle impulso a nuestro proyecto de restauración del Fiat 1500, para tener otras experiencias laborales, Brian en el taller, Magui dando clases de italiano, para conocer gente increíble, para vivir la ciudad desde la bici, en nuestras salidas nocturnas a la vera del Río de La Plata. Tiempo terminado.

Desde el momento que nos conocimos coincidimos en que nuestra vida no podía transcurrir en una gran ciudad. A medida que pasaba el tiempo juntos más nos convencíamos de planificar nuestra vida de hogar en la montaña.

Llegado el 2016 nos maravillaba la idea de poder tener nuestro lugarcito en la Patagonia. Meliquina sería el lugar que elegiríamos para proyectar nuestra casa, nuestro lugar.

Si bien es un camino largo el que debemos transitar, no podíamos esperar mucho tiempo para comenzar a experimentar la vida en la cordillera.

13 de diciembre de 2016. Un viaje a Viedma, para visitar a la familia, nos llevaría a una escala aérea en Bariloche. Ambos mirábamos el horizonte limpio y brillante con el increíble Lanín de fondo, pensativos, en silencio. Nos alcanzó una mirada segura y feliz para decirnos mutuamente “vengámonos ya a probar suerte acá”. Sin importar cual fuese el trabajo que encontráramos para hacer, estábamos dispuestos a venirnos a la zona, no precisamente a Bariloche, desde el Sur de Neuquén hasta Chubut cualquier opción era bienvenida.

Así fue que acomodamos nuestros CV, comenzamos a contar por whatsapp a todos nuestros contactos la intención de mudarnos ya, de trabajar, de hacer experiencia, de vivir el lugar.

Ante nuestra sorpresa, en menos de 24hs estábamos en linea directa con Alicia, Veterinaria en una estancia, quien estaba en la búsqueda de personal para hacer temporada. Asistir a los animales, cuidar de ellos, limpiar de sus espacios y darles mucho cariño era parte del trabajo.

Jamás habíamos tenido una experiencia igual, pero estábamos seguros que la motivación y el querer hacer nos abriría las puertas y nos llenaría de nuevos conocimientos.

30 de diciembre de 2016. Llegábamos a el Escondido, en cercanías de El Foyel, en un entorno de fábula, con colores magníficos, lugares inalterados por la presencia del hombre y por sobre todas las cosas desde ese día nuestro hogar.

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