Emilia Romagna

Al momento de elegir nuestros destinos de viaje hay diferentes factores que influyen, no solo la naturaleza, la paz y la desolación, sino también ese amor por las raíces que nos hace mirar una y otra vez el mapa de Italia. No importa la cantidad de veces que lo veamos, siempre vamos a encontrar algo que nos encienda las ganas de volver.

Ambos tenemos esa sangre tana que tira, amistades dispersas por toda la península, familia directa y adoptiva, hablamos el idioma, nos gusta la pasta, nos encontramos cómodos en ese clima gritón del ser italiano, nos encabronamos cuando ellos, los italianos, quieren hacernos creer que son “el centro del mundo”. Nos reímos, lloramos, sabiendo que no hay muchas diferencias entre ellos y nosotros. Argentinos, sí, lo somos, pero hijos de esos seres conquistadores, de la antigua Roma, con carácter de mierda, con corrupción, pero también con la mejor pasta, la pizza, la tarantella y la manito cerrada.

Brian vivió sus primeros 7 años de vida en Basilicata, tierra de sus abuelos, ahí aprendió a andar en bici, se enamoró de los sabores y olores que aún lleva en su memoria. Magui retomó la historia familiar, reconstruyó su árbol genealógico que la llevó a las costas Adriáticas, en Emilia Romagna, primero a estudiar, luego a trabajar. No por nada a Brian le dicen “el tano” en su barrio; es que cuando llegó era un tanito de hablar atravesado. Y no por nada a Magui le salen tan bien las piadinas romagnolas.

Es cuestión de sangre. Es cuestión del corazón y de tradiciones. Imposibles de negar.

Así es como, después de haber recorrido Italia de Milán a Potenza en bici (Brian) y después de haber recorrido en tren, auto, avión y a pie toda la Emilia Romagna (Magui), ambos nos propusimos recorrer juntos las tierras de esta hermosa región.

Brian conocería de lleno esa región de la que Magui tanto hablaba casi con un fanatismo insoportable que solo se puede entender recorriendo, conociendo, observando y sintiendo.

Partimos desde Milán, con la emoción de poder salir desde la mismísima fábrica de Cinelli, quienes además de ser nuestro sponsor en esta vuelta, nos brindaron una calidez humana increíble, nos mostraron cada rincón de su mundo, descubrimos parte de esta industria familiar donde la pasión por el ciclismo y los ciclistas son lo principal.

Teníamos un mes completo para girar por estas tierras de llanura, de apeninos, de sabores, de amistades, de valor humano agregado, de una marca registrada como lo es esta “tierra con alma” de la Emilia Romagna.

Pedaleamos por cada una de sus ciudades cabecera, Piacenza, Parma, Módena, Bologna, Ferrara, nos desviamos hacia el Delta del Po para disfrutar de pedaleadas juntos a los amigos cicloviajeros de Porto Viro (Veneto), disfrutamos de Ravenna, Forlì, Cesena, Rimini, nos dejamos enloquecer por las aventuras de Marco, un amante de la bici que reside en Gatteo a Mare, descubrimos el encantador Parque delle Foreste Casentinesi, nos sentamos a disfrutar de un mate argentino con una familia encantadora que fue parte de la infancia de Brian, caminamos por las costas de Cattolica en compañía de grandes amigos, subimos al Tetto del Mondo, llegamos a San Marino para seguir sorprendiéndonos cuando alguien,  desde atrás, nos decía “Magali y Brian….?” “yo soy amiga de tu abuela, Magali y tengo la tarjeta de tu bautismo”.

Porque el mundo es literalmente un pañuelo y cuando uno se dispone a recorrerlo las distancias se hacen efímeras.

Fue un mes intenso, de disfrute, de sentimientos a flor de piel, de colores únicos de primavera. Un mes que intentamos resumir en imágenes.

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